viernes, 10 de julio de 2015

Vértigo: Acerca de Los demonios, de Heimito Von Doderer

... Porque a veces conviene simplemente dejar salir el aire, frotarse la frente con el torso de la mano, y recuperado el aliento, si bien con la sensación del hierro aún entre frente y nuca, alzar la cabeza para probar a ver de nuevo.
No se trata de extensión, de volumen; sí, son más de mil seiscientas páginas, pero es en realidad un asunto de consistencia. En tal sentido, sin duda, la obra del escritor alemán es sencillamente enorme, descomunal.
Primer maestro y el más grande teórico de la llamada novela total, Von Doderer apuesta a desarrollar en el enorme entramado de su novela, su discurso completo...: Abarcarlo todo. Describir la vida toda a través, claro, de partes nada más de ella, si bien vastas y detalladas. Explicarlo todo..., a través de una interpretación que, en fin, permita concebir al mundo entero de otro modo. Verlo de otro modo. Eso tenemos aquí, en una sola obra...
Pero cabe anotar -y aquí vamos más allá de la lista de halagos-, algunas cuestiones...:
Estas refieren a nombres: Es una forma..., digamos -de nuevo-, de liberar la presión, de recuperar el aliento, y aclimatarse nuevamente..., remontada la cima... que excede los ocho mil...


Afirmó alguna vez George Steiner -parafraseo-, que difícilmente encontraríamos otro escritor que, como Proust, haya desarrollado y concluido su propia filosofía a través de la ficción. Proponía a Robert Musil como excepción, delante de Elias Canetti, de cuyo Auto de fe, decía que representa más bien, al caso, una temprana postulación. Dejaba de lado, con acierto, a Thomas Mann, que más bien adoptaba tesis preexistentes y edificaba con ellas extraordinarios monumentos sensibles...; y a lo mejor convenga hacer lo mismo con Hermann Broch, que lleva al extremo, con la ficción y el discurso desnudo, las cuestiones planteadas desde el límite mismo del pensamiento "moderno", superando -también con sensibilidad, y apostando su propia integridad- aquella especie de última instancia retórica: la forma clara de los argumentos, por la explicación plástica de la realidad, el tiempo y la humanidad...
Bien, Von Doderer, cuanto menos, establece un sistema completo para la comprensión de su texto -y ahora sí que conviene pensar en el número de páginas, en el tiempo, la experiencia que importa pasar por ellas-, que excede sus fronteras para penetrar en la vida misma, que también teje Historia, a partir de entonces, para cada lector afortunado, bajo su influencia.

Es imposible cerrar el tocho con la misma perspectiva con que veíamos antes de abrirlo, por sobre él, a nuestro alrededor...
Lo que cambia, cambia detrás del lenguaje, si bien el fenómeno se debe a este, a su violencia.
Por otra parte, no es posible, en efecto, referir una simple línea argumental para Los demonios; conviene, en lugar de ello, decir lo que quepa para invitar a quien no lo haya hecho todavía, a abandonarse en la vorágine de su coro "endemoniado".
Los hechos, sí, claro, están allí, y brillan por la forma, pero lo que de veras marca es la suma total, el sistema revelado, al son de tantos y tantos pasajes dignos de cita..., o mejor, aún, de nueva invitación a darse con ellos...
Tremendo.
Desde luego, y mucho más allá del título, resuenan los ecos de Dostoievski, pero es el caso que del maestro ruso a este gigante alemán, median eras de otros maestros -bien aprovechados- y la propia máxima convulsión de un siglo para el que Von Doderer, quien lo vivió de veras intensamente, parece en perspectiva una especie de intérprete ad hoc...

La complejidad de esta obra es, no obstante el vértigo que produce a quien la analiza, felizmente inteligible..., de donde proviene la tentación para otros autores de lanzarse a por logros similares; desde luego, con resultados un tanto lejos del original... Aquí, Carlos Fuentes, por ejemplo, incluso en sus mejores momentos... Pero la influencia de Von Doderer puede hallarse también, y bastante más lucida, en otros autores, como Alejo Carpentier, o los mismos William Gaddis y Thomas Pynchon; más recientemente, en el gran William T. Vollman de Europa Central...

Las escaleras de Strudholf es otra joya; merece a Heimito, de sobra, un lugar privilegiado al lado de los otros poquísimos autores de auténticas cimas de la narrativa y el pensamiento... Pero resulta que escribió además Los demonios... y...
Bueno...

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