sábado, 13 de junio de 2015

Ventriloquía: Arbitrariedades a partir del videoclip de Hole in ocean, de DyE

Ochenta millones de vistas a un videoclip... de un músico con muchísimos menos discos vendidos que, por ejemplo, Daft Punk. Tremenda cifra.
Fantasy es el sencillo para el cual fue hecha la producción animada. En realidad se trata de un tema del que decir mucho delataría rápidamente cualquier afán por justificar una afición a lo mejor exacerbada por el ruido... de las imágenes..., y de estas sí que podría decirse algo.
Lo cierto es que el Pulp pega, sobre todo cuando, digamos, sorprende por el cambio de formato..., o mejor aún, como en este caso, de ámbito, para brillar..., y salpicar. Creo que se entiende...
No pretendo decir más del fenómeno provocado por Fantasy. Basta con que alguien se anime a verlo y haga mayor la cifra aquella.
Mis notas se deben a otra curiosidad: Hole in ocean.



Dalí...
Walt Disney...
Un asunto es el estilo, la reescritura...
Otro... Bien, queda claro:




Veamos...
Destino... Su rodaje empezó en 1945. Su lanzamiento se dio recién en 2003. Salvador Dalí, Walt Disney, John Hench. Hubo problemas de financiación con la Segunda Guerra Mundial. Luego, el rescate; un efecto de la nueva edición del musical Fantasía 2000.
Varios premios. Un cortometraje cuya vigencia... Pero entonces, mejor detenernos...
¿Qué perdió o qué ganó el film con el juego de Juan de Guillebon (DyE)?
Es mucho más que un asunto de estilo. O de dejar afuera el trabajo del compositor mexicano Armando Dominguez...
Y qué pretendía el francés. Qué consiguió.

Nothing remain nor the picture
A weird goes by any hole time
A weird goes by hole, oh

I was swimming in the future out now
And I hate to fade alone
Nothing remain nor the picture

Un sueño. Perderse más allá de la física: abstracción de la muerte.
No es posible morir uno mismo en el sueño: Aunque no tenga dominio consciente de él, es al interior del trance, el propio tiempo: Cronos. La aparición de la criatura ideal ante nosotros -en realidad, adentro- para admirar los símbolos de nuestra propia constitución -de lo instintivo, lo cultural, lo elevado y, entre sombras, también lo bajo; lo sublime y lo pervertido, etcétera- podría no ser más que... masturbación. Una vez más, abstracción, en el placer.
El amor entre Cronos y una mortal... La necesidad de plenitud. Y en la masturbación, la ilusión...

A weird goes by any hole time
A weird goes by hole, oh
All in all, is all we all are

Mejor detenernos en lo tocante a dicha plenitud.
Danza. (Y vaya que la coreografía -que no solo se trata de movimiento de bailarines- se altera con lo hecho por DyE.) En este plano, el diseño de Dalí se disfruta, no a pesar, ni siquiera en contra de, si no acaso en un astuto ante y por sobre la composición del francés, dando lugar a una nueva relación en el juego:
La musa, que al caso sería La Música, la melodía en el tiempo, se viste de la textura propia de la imagen, su rasgo definitivo: la sombra: la dimensión, medida y, por tanto, tiempo consciente.
De fondo, y a pesar del color, del efecto..., esos tonos, la palidez, de hora muerta.
La irrupción de las nubes, el guiño a El perro andaluz... Nada frena de veras, ni alcanza a fraccionar el no flujo, la ilusión de plenitud. Las miradas huyen, las extremidades se tienden; todo, como un suspiro prolongado...
Es, sin embargo, una historia de amor condenada al fracaso. Se presiente. Se teme. Se ve...
Ilusión... De El gran masturbador...
Las mismas sombras, y tantos rostros...




¿Qué tanto sorprende el juego?
¿En qué medida acerca a Dalí, y confunde a quienes no sabían de Destino...?
Y, ¿es necesario acercar a Dalí?
Pienso, así, de pronto, en Aeon Flux.
Pienso en Pop... En el calificativo vanguardista. El año 1945(!)... Y, con fondo de sintetizadores, en esa etiqueta... de culto...
Suficiente.

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