jueves, 4 de junio de 2015

Frutos de la noche: Provocaciones de Mark Ryden

El árbol de la vida, el árbol de la ciencia... El pecado... Y el ideal, el paraíso perdido. Luego, la promesa de la nueva tierra. Para el pueblo elegido.
¿Qué pueblo? ¿Cuáles, con los años?
Cuestión de historia... El modo en que el credo y el hábito determinan más que la estirpe, cómo el mérito por trabajo resulta clave y se construye una tradición; el derecho a materializar el sueño aquel.
En efecto, no hay retorno tras haber probado del fruto prohibido: de la duda, el cuestionamiento, la curiosidad y la ambición... Sólo queda, según común acuerdo, por las masas, "progresar", triunfar en el artificio: reproducción de la dicha en el modelo regular, popular. Como si se pretendiera reafirmar en pleno y atronadoramente el sentido que cargan, por ejemplo, las primeras líneas de Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen unas a otras. Las infelices lo son cada cual a su manera."



Ahora, entiéndase este modelo de felicidad -para el ejemplo nada más, la familia nuclear reunida en armonía perfecta, sin necesidades por cubrir, y dada a la alegre superación de generación en generación, prosperando- como marco evidente de lo Pop. Y, luego, entiéndase, la rebeldía ante las condiciones de este ideal como el otro marco, acaso más Pop aún.
Finalmente, téngase en cuenta que la crítica de la tradición es también, a su modo, tradición de cada nueva juventud..., que si no..., en fin...
Ahí, los rebeldes. Y también, para establecer cierto diálogo, ciertos provocadores...
Procurar que el fruto del árbol de la ciencia, de algún modo, nos permita, por pasión -y he ahí el error, delicioso error-, retornar al paraíso a por el árbol de la vida.



La tierra prometida, decía... Un nuevo territorio para el hombre deseoso de progresar y hacerse a sí mismo nuevo, lejos del horror impuesto por la dogmática, sí, con la tentación de utopías liberales, lejos, inclusive, de las revoluciones, más allá de estas...; en todo caso, un nuevo comienzo, y como todo nuevo comienzo: huida y sueño.
Un poco de lucidez basta para reconocer tanto el valor de dicha visión, como el riesgo que entraña abstraerse en ella; el engaño que importa, pero también, cerrando el círculo, cuanto es capaz de revelar para nosotros de nosotros mismos y nuestra realidad; la maravilla del juego con el otro lado del espejo, para encantar y espantar.


Más acá...
América. Ojo, la del Norte... El último basto territorio para civilizar. La tierra de las oportunidades. En ella, El Sueño Americano...
Cuestión de contexto, pues al cabo íbamos acerca de lo Pop...
Conquistar, arrasar, luego edificar y hacer de los frutos de lo moderno, propiedad. Progresar, y hacer símbolo de cada mérito. Marcas registradas, ilusiones con patente.
¡Cuántos aventureros, vagos, locos y visionarios...!
Hubo muertos, tantos que se convirtieron en fantasmagoría estadística... Y se impusieron al cabo -al menos, era la idea- las familias felices, esas a que aludía el Maestro ruso, si bien con un estilo distinto.
Éxito.


Adornaban los salones, retratos de los nobles fundadores de cada familia, de los pastores, también. Sus rostros serenos. Firmeza, sí; cierta perplejidad en una que otra mirada. Padre y madre, uno al lado del otro; detrás, la casa de madera, el horizonte... de los campos fértiles, el territorio acogedor, la tierra bien trabajada.
En las habitaciones de los niños, las muñecas, los osos de felpa, las herramientas y las armas. Los cuentos sobre el bosque... Porque no hay que ser confiados...: se premia el trabajo, el tesón... y la prudencia; no cabe ser tontos; las cosas afuera, chicos, no son tan simples..., no hay que dejarse engañar, no hay que dejarse tentar; el pecado acecha. Fundamental: los niños deben ser buenos, no tontos.
Una lección: Vuelve a casa a tiempo; siempre, antes de que anochezca.
Deliciosa infancia. Con algo bueno a qué temer.


Los ojos de las criaturas de la noche, de grandes pupilas; gotas de almizcle. Alquitrán. Brillantes. En contraste con la palidez...
El blanco, signo de pureza... o quizá, más bien, como en... Moby Dick... o el caso del Juez Holden, de Meridiano de sangre...
Símbolos. La ternura, lo macabro, lo engañoso. Lo prohibido.
La burla. Al fin y al cabo, se trata de Lobrow Art... Supuestamente, sin pretensiones...



Una y otra vez, Pop.
Lo sencillo -que no simple, pues implica dominio, destreza- o sofisticado: poner en evidencia lo dudoso de las condiciones del ideal..., al impulso de sueños apenas dirigidos. Surrealismo.
Ahí, Dalí... Sus muletas, sus santos, crucifijos, caballos y horizontes cortados. Masturbación. Efectismo, también. Provocación.
Aquí, más entre nosotros, del norte y el globo entero, Mark Ryden... y sus criaturas, sus íconos... Su provocación.
Pop Surrealism, dicen...
Se reconocen en algunos de sus cuadros los rostros de cantantes, actrices y actores ídolos adolescentes (Katy Perry, Christina Ricci, Di Caprio, entre otros).
Mas llaman especialmente la atención las niñas, menores que nínfulas (!). Sus cristos. Lincoln. La carne. La sangre...


Pega...
Para Michael Jackson, Ryden diseñó la famosa portada del álbum Dangerous... (que contiene también imágenes de niñas)...
La influencia se hace sentir en Sin City, El imaginario mundo del Doctor Parnassus... y demás estaría mencionar títulos de Tim Burton, o, por otro lado, a Lady Gaga. Más recientemente, reconocemos el estilo de algunas de sus pequeñas en el personaje que caracteriza Maddie Ziegler en los videoclips para Sia.
Y quizá para entonces llevamos buen rato notando ciertas... complicaciones.


Ingenuas...
Expuestas a bestias, criaturas de la noche, demonios. Degolladas, sangrantes, o ilesas, pero dispuestas en terrible juego al espectador, sus pequeñas...: musas con aires como de las más maduras de Tamara de Lempicka, en un espectáculo de horror.
Otra forma de provocación... Menos sutil.


¿Pop?
¿Y cómo que no hay pretensiones artísticas?

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