sábado, 20 de junio de 2015

De trascendencia y plenitud: Digresiones sobre las obras de Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges

De los temas trascendentes, y no leer periódicos.
Inteligencias. Pero no amistad. Si alguien creyó que sí, ha de saberlo, es falso mito.
Dialogaron. Y le debemos mucho a Orlando Barone por haberlos juntado y registrado las  -de rato en rato obviamente tensas- conversaciones... Pero quizá sea más importante lo que no se dijeron cara a cara. Lo que de uno dijo el otro, en libros.
Pero referirse al tema carecería de sentido si nos apartara de sus escrituras y, sobre todo, de sus discursos. Si fuera en modo ad hominem.
El contraste nos dio luces. Esa es una verdad. Feliz, si cabe tal calificativo.



Sábato y la búsqueda de la trascendencia. Borges y el humor, la plenitud. El uno, solemne, el otro esto si y solo si a través del gesto iluminaba una observación mordaz.
De una parte, la crítica a la deshumanización..., a la sofisticación; la imposición de la forma... Del otro lado, la primacía del acontecimiento estético.
De una parte, el desgarramiento de la escritura: el cuestionamiento implacable de la consistencia del discurso ético; de la otra, la escritura como liberación y abstracción sin tiempo; juego.
Y mientras el primero sentía profunda tristeza ante la idea de morir, el segundo aceptaba el hecho por anticipado, sin pesares, preguntándose, una vez más con humor, y qué si después y si no después...

Fueron veinte años de silencio hasta que se juntaron de nuevo, cuando lo de Barone.
Razón: política... Que, claro, excede, cuando pinta noticia, la razón...
Cuenta como testimonio jugoso del paso completo por el cordial intercambio, el distanciamiento y últimos diálogos, el de Adolfo Bioy Casares. También ácido. Presto a cuestionar, del lado, claro, de su amigo Jorge Luis, la importancia del pensamiento de Ernesto; inclusive, considerar su existencia.

Teología como Literatura de Ficción.
Una y cien veces más, asuntos bastos. ¿Pero acaso son las noticias las que dividen? ¿No lo hacen en realidad los principios opuestos? En fin, cabe recordar que nunca hubo amistad.
Sábato al oído, pero del silogismo y el símbolo... Borges a la música de las palabras...
Creadores.
Calidad de recursos discutibles. Discutible calidad de ciertos recursos. Por qué queda de cada uno, por supuesto. Lo grande. Con Borges más universal. Porque la música de las palabras, sabemos..., bien, trasciende... No se crea que solo por y para filólogos, pues talla lo suyo la afinidad de ideas, de su uso...
Verbigracia..., su relación con Dios. Para Borges, el dios enigmático, perfecto, aunque, como él mismo afirmaba, por eso mismo, cumbre del género de ficción. Para Sábato, él imperfecto; un poco como un niño, quizá como aquel que postula Stanislaw Lem en Solaris -y tenemos aquí un ejemplo de como se pueden dividir ciertas aguas por la afinidad, digo, con uno u otro argentino.

Sobre héroes y tumbasAbaddón, el exterminador -prefiero no referirme a la historia de Juan Pablo Castel- pretenden mucho; las cimas que se encuentran en sendas obras son sensacionales, pero difícilmente se llega a ellas a través de una lectura que quizá el mismo autor hubiera preferido... Ambas novelas son formidables, digamos, como aparatos de arte gótico, y apuestas más bien de a grito por profundas convicciones, estimulantes, ciertamente estremecedoras, eso más que pulidas novelas filosóficas... Y al caso me acuerdo de lo dicho por Auden en Hacer, saber y juzgar: "¿Debe censurarse una obra porque su belleza es fortuita? Supongo que sí, pero un poeta siempre tendrá en secreto una buena opinión de la suerte porque es consciente del papel que desempeña en la composición poética".
Y aquí...: ¿composición poética?
Se trata al cabo de dos medios diferentes para la elevación.


Borges aprueba la observación de Bioy Casares sobre su tendencia a ser sentencioso. Sábato, en el momento en particular del diálogo en que surge el comentario, cuestiona a su par: ¿acaso no se trataba más bien de una tendencia suya a lo pretencioso...?; y define así tanto... de su modo de leer a Borges. Al caso, curiosamente, se trata de lo más perdurable de este escritor... pues qué es Literatura, esa cuestión, es interesante de veras al cabo del punto final de uno de sus cuentos...
V. S. Naipaul, que dedicó dos ensayos a Borges, le critica su excesivo distanciamiento de lo humano, su afán por los juegos intelectuales..., gratuitos juegos verbales. Plantea el riesgo de perder el enfoque adecuado para reconocer la auténtica calidad de su obra -grande, eso sí- por atribuirle un sentido pleno a todo cuanto hizo..., sin contar con el humor.
Cuestiona, además, su fama; lo considera sobrevalorado... Y, desde luego, por argentino, si bien a su manera..., en fin, critica su imaginación -ojo, alabándola-, por hacernos gracioso -era para el trinitario la única manera de conseguirlo- su país...
Naipaul...
¿Y qué diría de Sábato? ¿Qué dice?
Pero es que de Sábato no se habla, ya no... Algo muy lamentable...
¿Quién si no él, Ernesto, y así, a su modo, hubiera podido poner en entredicho, en plena gran novela, si acaso eso del señor Borges no era nada más que sofisma?
Verdad es que resulta más sencillo recordar los medios y el estilo que la tremenda apuesta de ideas, en algunos casos alucinadas, pero poderosas al cabo, de un pensador atormentado, hasta por el humor.

Fama...
Y la verdadera talla de los participantes de aquel diálogo grabado por Barone.
Leerles, de nuevo. Leerles. Y dejar que continúen dialogando dentro nuestro.

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