miércoles, 6 de mayo de 2015

Contratransferencia: Notas sobre Música, de Yukio Mishima

Y aquí, la pregunta de qué conviene. Pero, al cabo, claro -y me acomodo-, se trata de impresiones, extrañamientos; por tanto, al libro que tan amablemente me fue prestado -(arrancamos con las subjetividades)-, mis notas:



Música, de Yukio Mishima.
Va de una bella joven, Reiko, que acude al psicoanalista; este narra la historia, como bien advierte el subtítulo de la novela, en plan de "Una interpretación psicoanalítica de un caso de frigidez femenina". Ella desea tratar su incapacidad de "oír música"... Ya saben... Y se desata entonces la lucha entre la paciente, que pretende ocultar los orígenes de su mal, y el terapeuta, que busca llegar a la esencia de este y curarla a ella. Se menciona por ahí: "lo demoniaco", "el mal"; ya saben, y "lo sagrado".
Música, sí. Sensualidad, mucho más que sexo, desde luego..., pero también esto a secas y nada más, aunque, ojo, como mecanismo complejo..., con las múltiples categorías, y esquemas -pautas, estaciones, luces y otras señales- para el detective de la conducta, del tabú: el psicoanalista narrador, tan elegante también..., quizá esto último a su pesar, dado que es además tan sencillo..., tan profesional...
Hasta tiene una compañera, una enfermera bien puesta, leal, fiel, y de carácter fuerte..., muy estable ella, hasta en sus naturales celos.

(Mishima, no obstante, se luce en otros -varios- textos como un narrador formidable. En caso de duda, asomarse a Memorias de una máscara, la tetralogía El mar de la fertilidad, a El rumor del oleaje y a algunos de sus cuentos. Con sus excesos, estas obras -o, por ejemplo, con más excesos todavía, Sed de amor- provocan en el lector exigente, casi siempre, ganas de un seguimiento más o menos devoto.)

Pero tenemos, decía -para volver al contenido de Música-, categorías..., más: el catálogo casi completo: Electra, Edipo, represión, castración, histeria femenina, transferencia y contratransferencia..., con nada más este último par de conceptos sin mención directa -sin mucho misterio en cuanto al porqué-. Todo ello, pistas..., pues, claro, vamos tras la esencia del mal que aqueja a la señorita Reiko y -como se señala también, en su momento-, más allá, a lo que trasciende cualquier terapia, vamos, a por un mal universal, muerte en la vida, la perdición como parte del fenómeno humano...

(Estas damas suyas complejas, y aquellos otros personajes también, torturados, desequilibrados, autodestructivos...
La actitud errática...
La sensibilidad de la que surgen las cataclísmicas revelaciones..., en el devenir de la tragedia, siempre la tragedia... El sexo, mil veces el sexo... Y la muerte, más veces aún...
Firma del autor, claro.)

Además, y por otra parte, tenemos los extremos, a los que en esta ocasión el mismo Mishima alude con guiños poco disimulados para evidenciar su pleno control en la dosificación de los hechos -y los datos-, su enorme consciencia... de la provocación sensual.
Y resulta interesante... porque las coincidencias, llegado un punto, no dejan de parecer inverosímiles.
Y resulta interesante también, pues no obstante, ahí se ve: La racionalización de los subjetivo, la tendencia al orden, enunciada así, de la misma ciencia; esto por una parte, y de la otra: el brillo de lo que resuma de entre las palabras, lo que se eleva y abre como flores a la luz, en ocasiones -a menudo, con lo mejor del escritor suicida- como producto del sacrificio de su propia/la propia razón; elevación de la consciencia en aparente tránsito de locura, y la explicación de esta, para perdurar como discurso al modo de un perfume denso, saturado de esencias de celo y muerte, o el fortísimo sabor de una bebida exótica tóxica... Todo lo que en este caso apenas y se siente, pues hay... demasiado control...
El corsé, digamos, aprieta muy fuerte... desde el mismo tono -(¿acaso, reprime?)-...

Por qué es lo que conviene, me preguntaba en un principio... Bien, ¿acaso no resulta mezquino criticar de tal modo el único libro de Mishima que no me ha gustado de cuantos he tenido la suerte de leer a la fecha?

Ah, pero recuerdo que el mismo Yukio, en voz de su narrador, aquel terapeuta con tan oportuna provisión de citas en su discurso, y con la dosis apropiada de modestia, señala -y apenas parafraseo- que la subjetividad juega un rol decisivo en la emisión de un juicio sobre la inmensidad de lo humano...
Y aquí hablamos de Arte, de Literatura...

A lo mejor, simplemente, no pude manejarme bien entre estos fenómenos de ida y vuelta.

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