sábado, 3 de diciembre de 2016

Luces del desvío: Acerca de las obras de Joni Mitchell

Declaración de Joni Mitchell: Siempre he pensado en mí misma como una pintora desviada por las circunstancias...



Notas a propósito de cuánto se desvió en realidad. De si es posible que la propuesta original de un artista de su talla pueda extraviarse significativamente al paso de una a otra forma de expresión, siendo el caso que domina estas – salvando, desde luego, las distancias entre una y otra  con probada solvencia.
Su manejo de esta variedad de vías – una excepcional capacidad, condicionada a la  realización de su vocación  por sometimiento a una sensibilidad específica:  visual.
Ella misma, en otra ocasión, comenta que le dijo un admirador, pintas imágenes en mi cabeza. Tales palabras, afirmó, le significaron un gran elogio.


Joni Mitchell: Pinturas, fotografías, canciones; más... Sus letras representan por sí solas, lectura especial. Cuánto respeto de entendidos como Bob Dylan y Leonard Cohen. Aunque no le ha merecido halagos como los de ellos mismos, y Plant y Page, los Pink Floyd, Holdsworth, Mingus, Herbie Hancock y los hermanos Brecker, entre otros, además de compositores clásicos, por sus construcciones rítmicas y melódicas  obra de veras enorme, sí que más que aquellos por sus cuadros. Estos, sin embargo, importan como más que referencia.
Resulta complicado reconocer, atentos a la época de producción de sus discos, si tal o cual cuadro, también de por entonces, fue paso anterior o posterior al de la concepción de dicha colección musical, incluso si, digamos, sea obvio que aborde en sus letras los mismos temas. Esto es así aún en el caso de un cuadro-portada para un disco, no obstante, cierta lógica nos invite a tener las imágenes por trabajo posterior, destinado a representar el conjunto de grabaciones.
A partir de las relaciones que se tejen entre ambas obras, la pictórica y la musical, – una lógica para el desarrollo del discurso único, que, veremos acaso, en lugar de extraviarse, ha revelado de obra en obra, aristas luminosas a una honda comprensión de su evolución en el tiempo.


1968. Colores intensos, formas definidas en trazos sencillos. A menudo líneas gruesas. La búsqueda de una definición que va más allá; un espíritu por, desde y en el color. Aires melancólicos, también, pero, sobre todo, la vitalidad que entraña la luz en tonos diversos invadiendo el lienzo.

La época encarnada, en buena medida. Songs to a seagull es el primer álbum de la artista: notable, aunque no consiga marcar del todo largas distancias con otros contemporáneos. Su revelación intimista implica métodos diferentes, pero solo para oídos atentos; su distinción de estilo apenas marca posición. Lo mismo con sus pinturas, que siguen patrones estéticos y hasta los rasgos más típicos de ciertas representaciones empleadas también en la publicidad de entonces. La calidad de sus letras, su facilidad para crear estribillos cautivantes, le bastaron, no obstante, para darse a repetir la dosis, mejorada, con Clauds, al año siguiente.


Con la aparición del legendario Blue, Joni tiende a experimentar más con fotografía. En sus imágenes procesadas, 
 juegos de perspectiva con objetos voluminosos en primer plano; sus sombras como un manto para balancear el cuadro entero, en peso y color, para ganar en la perspectiva lo obvio: profundidad, a partir de la propia imagen retratada. Gente de espaldas o perfil.

El mismo ejercicio se plasmará en sus lienzos, en que, por otra parte, jugarán un rol importante los reflejos y juegos de refracción..., alusión a eso que se deforma entre el objeto y – el ojo.
Nuevamente, hombres y mujeres de rostro indefinido... En sus letras, una visión compleja de las relaciones de pareja y de otras índoles, de la formación de la propia identidad de los individuos a través de estos juegos afectivos: reflexión y refracción, ahora como transferencia y contra-transferencia, si se quiere. La época.
Atrás la perspectiva elemental del periodo anterior, digamos, algo inocente. Ahora, la indefinición de ciertos rasgos, lejos de arriesgar el balance del cuadro, lo llena de un denso misterio.
Exploración profunda en la psique y el universo emocional propio, ver – por música: La exposición de sus inseguridades ante el público.
Joni alcanza vuelo firme con el temblor de su propio pulso.


De y con la esencia del Folk, pasa por el Rock enriqueciéndose de nuevos ritmos y melodías, aprovechando al destacado equipo de músicos que, atentos, acuden a seguirla.

La seguridad da paso a cierta aceleración... Velocidad. Potencia.
A mediados de la década de 1970, Joni dará el gran paso hacia un sonido mucho menos fácil de definir en base a las etiquetas de género, gracias, sobre todo, y curiosamente, al modo en que explora el Jazz... Pierde así a sus rastreadores: la pauta en todo caso la establece claramente la inspiración de una artista liberada a través de los recursos del más amplio y rico de los caminos a la fusión.
En los lienzos, por su parte, – representaciones abstractas de cuerpos y rostros que empiezan a tomar expresiones definidas, marcas del temperamento y los estados emocionales que dan luz, en proyección de tonos, a la composición entera. Expresionismo abstracto, también: colores en vibrante forma, tiempo suspendido en procesos "trascendentes".
A las claras, cuán lejos se encuentra ya del primer punto de partida, aquel asomo, primera exploración de las propias inseguridades, que, enhorabuena, dio paso a la seguridad del autoconocimiento. La música de Joni alcanza en este periodo el nivel de auténtica experiencia, con un carácter no solo propio, si no tremendamente original, desafiante.


Intensidad...

Serenidad.
Sabiduría...
En esta década se marcará un hito importante no solo en la carrera de la Mitchell, si no en la historia de la música. Aparece Hejira, obra a la que sin más se puede calificar de impar.
La crítica ya había manifestado su sorpresa ante los trabajos anteriores, el modo en que Joni adoptaba en ellos, de donde le dictara su gusto e instinto, elementos que aunque a priori, podrían haberle parecido a muchos, poco adecuados a lo esperado para su sonido, resultaban al cabo, elementos de brillo singular en una propuesta mayor,  incomprensible bajo una simple etiqueta de género o estilo.
Con Hejira todo más allá. Complejas estructuras, melodías sinuosas, como sueños reveladores, proféticos; juegos de resonancia de todo tipo, sacudiendo los ecos propios, seducidos, más allá del último vibrato, al cabo incluso de la última nota de cada tema. Historias de intimidad desgarrada....
Cuán seguro debe estar uno para completar la producción de una obra de semejantes características.

I was driving across the burning desert.
When I spotted six jet planes
Leaving six white vapor trails across the bleak terrain
It was the hexagram of the heavensit was the strings of my guitar
Amelia, it was just a false alarm

The drone of flying engines

Is a song so wild and blue
It scrambles time and seasons if it gets thru to you
Then your life becomes a travelogue
Of picture-post-card-charms
Amelia, it was just a false alarm

El carácter visual de sus letras, cobra aquí un vuelo diferente...

No regrets, Coyote.

We just come from such different sets of circumstance.
I’m up all night in the studios
And you’re up early on your ranch.
You’ll be brushing out a brood mare’s tail
While the sun is ascending,
And I’ll just be getting home with my reel to reel…
There’s no comprehending
Just how close to the bone, and the skin, and the eyes, and the lips you can get

And still feel so alone.

And still feel related
Like stations in some relay.
You’re not a, a hit and run driver, no, no,
Racing away.
You just picked up a hitcher,
A prisoner of the white lines on the freeway.


Expuestos como oyentes a las entrañas de algo 
 vuelto a las alturas, proyectándose desde su condición de honesta manifestación de lo que duele, marca, traza – el carácter definitivo.

Fuego, hielo. Una mueca sin ánimos de provocación: la expresión honesta de una condición histórica personal. Lo que perdura.
Mención aparte, la portada del mismo álbum: un montaje fotográfico en blanco y negro que expresa por sí mismo, un vuelo para el que es imposible preparación plena... (Y debemos remitirnos al título: Se conoce como Hégira al traslado de Mahoma, de la Meca a Medina; una huida y, por tanto, un cambio profundo a partir de la ruptura..., que al caso de la Mitchell vino a ser – una vez más  afectiva: una ruptura amorosa... Y luto.)

(Disco que merecería no solo un texto aparte, si no sesiones de escucha guiada. Compartir ya de otro carácter. Maravillosos 52 minutos, 18 segundos.)



Entonces llegaron Don Juan's reckless daughter y Mingus. Para muchos, quizá lo mejor de su obra musical; para otros, poderosos ecos, proyecciones y últimas exploraciones por las rutas descubiertas a partir del álbum antecedente. Sin embargo, está claro que el último de estos es, digamos, aun considerando la variedad de la obra de Joni, asunto aparte.

Ella había acogido y trabajado con músicos de extraordinario nivel, maestros cada uno en lo suyo (Jaco Pastorius, – cabe resaltar, con un rol especial, también por motivos que exceden a su talento musical), había aprendido de todos ellos y los había llevado, por su parte, a lucir lo de mejor de sí en sus producciones. Pero Mingus supera la pretensión de tributo.
Esta apuesta aparte y mucho más allá, establecieron el punto a partir del cual la Mitchell contemplará su obra en retrospectiva, – para más... 



Década de 1980, 
– cambio en las texturas... Todas. Quizá un endurecimiento. Su voz – la del discurso –, completamente definida, marca sin titubeos caminos que para otros músicos ha resultado imposible seguir sin hacerlos lucir en el mejor de los casos, como afortunados tributantes.

Y ella, – algo así como en pausa creativa.
Acentuación de rasgos preexistentes de su obra. De la temática, – más allá en el proceso de exposición afectiva, ahora, con una cuota evidente de cinismo, sin pedantería. Firmeza en el rumbo, digamos, por puro derecho, – sola. Pulso para el montaje / ejecución, de áspera proyección, a calar, sin embargo, y con tan buen filo, en – el otro.
Wild things run fast y Dog eat dog.
Las portadas de los discos muestran a las claras una tendencia análoga respecto de su pintura: Es la propia Joni que aparece, desnuda figurativamente, a través de la expresión de su semblante, su postura y movimiento, a través también de los elementos que la acompañan: objetos de la cotidianidad, color y sombra para los ecos del clamor. 
Nuevamente, hondura retadora.
Otros lienzos de aquellos años, curiosamente, se cargan de detalles que anteriormente, era claro, evitaba. Consecuencia del nuevo empoderamiento, seguro.



Década de 1990. Obra pictórica... más compleja, tanto en sus muestras de expresionismo como en las de realismo abstracto, pero quizá con mayor énfasis aún, considerando como es debido, los antecedentes específicos, en sus paisajes realistas y autorretratos. El más famoso de estos corresponde precisamente a este periodo.
La Mitchell visual gana consistencia con la repetición – que no redundancia. Suma. Por otro lado, en su producción musical, – la consecuencia lógica.


Después del año 2000, los nuevos cuadros se suman en un recuento de perspectivas – insisto  con una artista más segura de sí misma al pincel... Por otro lado, Turbulent Indigo fue – en 1996 – el último disco con material original... hasta 2007, año en que vuelve con Shine. Entre tanto, Joni lanzó solo dos álbumes: nuevas versiones de grandes clásicos de su carrera: Both sides now y Travelog. Al último de estos, llegó a anunciarlo como aquel con que daría fin a su carrera.

Asomo de falsa plenitud, quizá. Siendo el conflicto, siempre, la fuente.



Un año antes de la llegada de su último disco a la fecha, Joni realiza una amplia serie de trabajos en base a fotografía: negativos en juego de verde, que parecen componer un conjunto de impresiones incompletas, deformaciones en espera de la luz plena, del color que devele su forma más compleja en la realidad, y la sencillez sin enigmas de los hechos congelados de cada captura.

Parece un anuncio involuntario de lo que vendría por el lado del sonido... y la palabra.
Fue del perfeccionamiento de su técnica en cuadros realistas a la fotografía, con la que, sin embargo, pretende mostrar algo que en colores puros, digamos, no va... Así que...


Bien, acaso una derrota. Y, felizmente, por ello, un nuevo disco, contra lo declarado al principio de la década..., eso que soltó también de odio la música...

Hubo versos y tiempo vivo en movimiento, arquitectura en flujo, para parafrasearla: una voz nueva para aclarar quizá lo que no cupo en imágenes... Tal vez. Pero más probablemente, Shine haya sido... y sea, precisa y sencillamente, la luz que completa aquellos negativos de su última muestra. Gran disco.
En todo caso, gracias, Joni, por todo.



(Qué es. De qué.
Motivo.
(H) errar, explorar. Encontrar(se).
Antes, la búsqueda, y fracasar, primero, apelando al otro. Luego, aprender a ver en él. A ver. Sin esperar reflejos.
Andar...
Envejecer.
Sin peros.
Suma.)


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