viernes, 6 de febrero de 2015

Refracciones... por Francia: Anotaciones a partir del Premio Nobel de Patrick Modiano

Patrick Modiano ganó el Premio Nobel de Literatura en 2014, hace pocos meses. Sus libros se agotan en las librerías; se reeditan una y otra vez, y se seguirán agotando además de buena, la obra del francés es breve y muy fácil de leer ; buenas noticias. Pero arranco a escribir de él... porque en realidad creo que merece más la pena referirse a otros autores, siendo él mismo uno destacable en el plano internacional, uno "universal".


Me explico: Desde hace no poco tiempo se viene cuestionando la influencia de la literatura francesa fuera de Francia, especialmente entre los franceses... Que si no se traduce ya tanto como antes, que si no abundan como antes reseñas sobre libros del país en Estados Unidos, que si no se valora ya el aporte de sus intelectuales en el ilegible panorama contemporáneo... que, por cierto, tantos analistas se esmeran en comentar... sin una terminología común..., o con una en exceso laxa..., y los franceses, salvo Onfray... aunque... En fin. Entonces llegó el Nobel y con júbilo se confirmaba: no había tanto a qué temer: el mundo, al parecer, les oye, sí, y si no, en todo caso, ahora lo harán... más. Y él, Modiano, escribe sobre las mujeres y los hombres cuyos nombres no figuran en los libros de Historia, apenas en ciertas listas que por aquí y por allá parecen surgir de la nada todavía y terminan engrosando el archivo de evidencias del Holocausto..., que no hay que olvidar y, mucho menos resulta increíble tener que señalarlo , mucho menos, negar. Él es universal, decía entre comillas. Es que él lo hace, no solo por todos los judíos, si no por aquellos, por esos cuantos, como tú o como yo, judíos o no, muertos también uno en todos con las víctimas del horror aquél. ¿Lo hace como Kertész, como Appelfeld?; no; a su modo. No pasó de veras la grande... Es un testigo indirecto, reconstruye a partir de los retazos de la Historia protagonizada por quienes le precedieron, desde su condición de descendiente, de hijo..., y de escritor. Lo hace, decía, siguiendo el rastro, para darle vida a quienes habitan los barrios que no salen en las postales, los "nadie" que apenas entristecen un poco más los bares de olvido, aquellos a quienes nadie sigue cuando les ve pasar por un boulevard..., aquellas mujeres y aquellos hombres, a quienes da vida para nosotros; atrás para siempre el "aquella" y "aquel". Revive también los viajes; se documenta... como si Sebald..., pero no... Y su estilo es sencillo, claro, transparente, se suele decir, sí.
No es Solzhenitsyn, ni Agnon, ni Aleijem, ni Broch, ni Canetti, ni Singer, ni ninguno de los Roth, ni Bellow, ni Malamud, ni Ana Frank, no, ni Gary o Ajar según el Goncourt ganado . No, es muy único... y solo él. No único como Kafka ni como Schulz. Solo él. Y basta, que me gano una lapidación...
No sé, la verdad. Tampoco es que pueda decir mucho; apenas he leído de él En el café de la juventud perdida y Dora Bruder. Pero no celebro el Nobel del año pasado con el entusiasmo de muchos otros, felicitando inclusive la reciente buena racha de la Academia Sueca me parece que para ello habría que continuar, digamos, a la altura de Doña Alice, Don Mario o Transtromer, quizá anulando las esperanzas de miles de fanáticos de Murakami, o simplemente postergándolas a un mejor momento... de este autor, digo . Me alegra, eso sí, que quizá ahora se diga más de los demás franceses. Esperemos que así sea.


Entonces, ¿decir mucho de ellos? ¿Bastaría acaso con señalar que seguramente encontrarán su obra tanto o más atractiva que la de Modiano, si bien menos fácil de leer? ¿Sería suficiente con apuntar aquí que cuestionan al hombre más allá de las profundas señas del padecer, desde una perspectiva que surge también de lo íntimo, aunque sin repetir la condición del nuevo Nobel, y sin pretender, en todo caso, menos de lo que pueden dar a todo poder, desde el auto-desollamiento o la exploración erudita, o la pura inspiración ante la actual realidad política desconcertante? ¿Pueda ser quizá que alguien se interese en abordar sus principales títulos tras leer aquí un no lo dudes, no hagas caso a aquello de que lo francés no marca la nota, porque es cierto que este pequeño grupo no vende como otros, pero sí que llevan el oficio buenos pasos más allá? ¿Confiará alguien en el anuncio: lo que ellos hacen seguramente perdurará más allá de su temática, no te fíes del perfil bajo?


Bien, ¿por qué no aprovechar la refracción y leer a Emmanuel Carrere, Pascal Quignard y, sobre todo, a Pierre Michon, además de Michel Tournier?

Puede no caerle bien a buena parte de lectores, pero Emmanuel Carrere es, cuanto menos, un narrador de extraordinario talento. No escribe ya novelas de ficción. Lo ha declarado varias veces: pura No ficción, de lo de a de veras en coyuntura global, y de sí mismo también; un tanto cínico, es cierto. Pero qué bien. Limónov es una de los grandes textos de los últimos años.
Es cierto que Quignard es un bicho raro, que su prosa delata como a gritos sus obsesiones, y amenaza con ahogarnos... sin dejar de ser clara. Pero qué experiencia, Las sombras errantesLas solidaridades misteriosas.
Y Michon..., Pierre Michon, maestro, no, de él no es necesario siquiera...

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