martes, 10 de febrero de 2015

Bendita sea: Sobre el videoclip de All is full of love, de Bjork

Como un sueño: La evocación de un ritual, una danza de encantamiento, o más bien de la representación de uno: el apareamiento de dos fuerzas. Una fuerza. Visión humana, exploración, de un fenómeno sin tiempo, de plenitud femenina.

Les invito a disfrutar del tema original...




En efecto, All is full of love invita a la contemplación activa: es capaz de elevarnos al acecho de un sentido detrás de sus notas, obvio aquel en la enormidad de su magnitud, complejo respecto del modo en que se revela a partir de acordes aparentemente sencillos, y versos que, en efecto, lo son...
A partir de estos últimos, y debido precisamente a su sencillez, se construye también una interpretación visual de símbolos complejos: una justa evidencia de la medida en que la palabra juega aquí, en la voz de Bjork, un rol más que destacable: sustancial.


You'll be given love
You'll be taken care of
You'll be given love
You have trust it

Una oración...

Maybe not from the sources
You have poured yours
Maybe not from the directions
You are staring at

En fin...

Vamos con el trabajo de Chris Cunningham, de 1999:




Curiosamente, ¿a dónde ingresamos? El sentido se revelará más adelante...

(De todos modos, se recomienda también ver este videoclip varias veces y me permito invitarles, además, a hacerlo al cabo de la lectura de uno u otro párrafo, según les parezca oportuno.)

Lo cierto es que nos encontramos ante una escena de posible lamento..., pero se trata de un androide y robots: no podrían representar sentimientos humanos..., ni heridas reales, ni dolor...

Los colores: no hay colores... Solo blanco, negro... esterilidad, un espacio antiséptico o, mejor dicho, carente de la vida que, en este caso, así proviniera de bacterias, podría ser celebrada...
Blanco y negro... y luz. Mas los cuidados de los robots en la cura de aquella criatura renunciemos de una vez a privarle de lo que no es posible dejar de proyectar en ella si se atiende su mirada..., tan humana , mas los cuidados, decía, los brindan con tanta delicadeza, como manos de madre...

Podría ser que la primera manifestación del amor en esta interpretación fílmica corresponda al cuidado de una madre, a la cura del herido vuelto a la matriz... En ella, la chispa nuevamente, y con ella el color, pero apenas, algo pálido: luces que se proyectan, eso, chispazos...
El líquido como signo de vida: los fluidos: la sangre, la saliva..., semen... Todo humano. Pero en este caso, y justamente porque se trata de una cura, los tenemos de vuelta al cuerpo, ascendiendo, contra la gravedad.

La coreografía nos lleva a los ojos de la criatura, para manifestar quizá incredulidad, timidez..., tantas veces tanta humanidad... Miedo. Hasta que de pronto, completo el proceso de restauración, la reparación, aunque no, insisto: la cura, nos hallamos ante una doble mirada.
¿Dos criaturas? ¿Dos criaturas femeninas? ¿Dos hermanas? ¿Dos amantes lesbianas? ¿Incesto? ¿No? ¿Quizá, tal vez, el encuentro de la criatura con su creadora? ¿Es Dios? ¿Una diosa? ¿Diosa? ¿No? Amor propio? ¿Proyección de sí misma?
¿Y quién le revela la oración a nuestra primera criatura, entonces?

El líquido asciende, se eleva por el vientre, y surge una luz: Nos elevamos.
En el clímax de la canción, se deslizan las manos y el beso es el centro, sí, pero la danza no es solo de las dos amantes: en torno, sobre ellas, en realidad, y con ellas, también, las máquinas continúan una labor incomprensible a la lógica de la reparación. Pero no de la proyección: Deben seguir creando, eso hacen: El ser no está completo en tanto no se encuentra en otro, en tanto no se da. ¡Menuda clave del amor!
Crescendo, la voz de Bjork, y las luces fallan; en lugar de acompañar el momento culmen de la melodía con una intensa iluminación, al parecer, por la pura intensidad, esta falla: se cae, lo que se alza, por detrás, en esencia, es el canto de la celebración, y lo humano asoma: esos titubeos, las manos entre las piernas, sin más..., y el líquido asciende por última vez a nuestros ojos.

El beso de las dos amantes las pinta vulnerables: sabemos que estamos ante un acto íntimo, pero resulta complicado, al recordar que se supone son solo máquinas, eso mismo; en teoría no debía invadirnos ningún pudor: son seres inertes...
Pero no...
Ya sabemos....

La toma se aleja, las dejamos solas; se siguen besando que no acabe ...
Y vuelve la pregunta, con tiempo cambiado: ¿Dónde estuvimos?
El cuadro de las dos y las máquinas en torno recuerda, no con mucho esfuerzo a la de una ecografía, y luego nuestra visión se desliza hacia abajo, nos lleva al resto de órganos de la criatura... Porque es posible que todo este tiempo hayamos estado, sí, en la matriz...
Bendita sea.

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