sábado, 21 de febrero de 2015

Bocas abiertas: En torno a algunos trabajos de David Kattán



Anotaciones veo desde ya, antes siquiera de una primera línea, digamos, de fondo relacionadas a lecturas sobre dinámica, y luego, por otra parte, de la obra de Canetti...; claro, anotaciones entre las de conexiones automáticamente surgidas, apenas alzada la vista de la obra de David Kattán; primera reacción en letra. Luego, la muerte.


... Violencia: cualidad de violento. Violencia entendida como repentinidad en el cambio de estado de una cosa o en la velocidad del desarrollo de un proceso (que, como sabemos, implica, en todo caso, transformación).
... Poder: capacidad de modificar el estado de una cosa o de la forma que no solamente la velocidad en que se desarrolla un proceso.


Así, el poder de una obra cuya contemplación puede perturbar la serenidad o la tranquila necedad de otras visiones, interrumpir acaso, el ritmo habitual con que observamos los aparentemente lentos fenómenos de la carne lejos de la enfermedad o el accidente (gran violencia).
Así, la interferencia provocada por esta visión, que puede alterar el modo en que apreciamos de común los fenómenos de la carne, destacando, por ejemplo, la palidez con que brillamos mortales, y la profunda oscuridad con que destaca el fin del alcance de la luz, que esperamos siembren nuestros propios ojos.


Fenómenos de la carne, decía. Cuerpos...
De pronto, bocas, hoyos, carnes desgarradas, que se transforman en disolución. Un ruido detrás, pero no, algo más complejo, bastante más. Es que se trata de una voz. Y no quizás, si no una voz de veras. Cuestionamiento, nada de mero efectismo (este último, recordemos, se reconoce fácilmente: no dice nada, afirma lo que sabemos de antemano y accedemos a ver por puro morbo o, en ocasiones, las de fraude, engañados).
Una voz. Entonces, diálogo. Contacto. Contacto en la agresión. Violencia. Cuestionamiento.


Canetti, decía; recuerdo... Algo así:
Las manos, poder de sujetar. La boca, los dientes. Nuestra capacidad de matar. Tomar, triturar, romper. Prender. Engullir.
Y en las imágenes de Kattán, además, cuerpos, consistencia. Pero la boca, decía, pues la que no es capaz de matar, la que no expone sus armas en amenaza, solo puede representar la risa esa tregua a veces cruel o he aquí el clamor por auxilio, rabia de derrota, o locura..., como las manos abiertas sí, Canetti de dedos tendidos en busca..., imaginemos, de otra mano, algo a qué aferrarse, o espasmo.


La voz, clamor... (Y no me referiré aquí a su interpretación gráfica de poesía, las Transducciones que realizó con Isadora Salas y Chalo Zurita)...
Cuántas bocas abiertas. Órganos que se tienden entre ellas: las propias tripas u otros tejidos. Órganos, también, surgidos al caso para el contacto, para buscar, para exponerse y volver a entrar en lo oscuro que palpita, o cuanto menos, intentarlo... Entrar en las bocas, abrir nuevas bocas... Y el ruido entonces vibra más claro: cosa de reconocer su frecuencia... (¿Modulación del miedo?)
Ruido: lo que tiembla, se desliza. Cosa de texturas. Son varias claves...


Morder; tomar, capturar y triturar; romper, rasgar. Potencia y acción. La vida como protagonista se expande, mata, a través de lo mecánico también ahí las ruedas, los engranajes ... Y siendo la energía luz, al manifestarse en movimiento, brilla. Hay diversidad de tonos.
La otra violencia, por su lado, la del clamor aquel, roba la luz, absorbe la vida. Devuelve a veces sangre oscurecida. La boca entonces representa el hoyo, la llaga. Grito oscuro de David Kattán.


Él mismo, su cuerpo de modelo... Ariete, si se quiere, para entablar al choque un contacto profundo, a través de la deformación plástica que hurga, se tiende, con nosotros, hacia el vacío de lo que viene luego, esperamos, pero no está.

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