martes, 27 de enero de 2015

¿Por qué no Guy?: La propuesta de Guy Aroch

Lo erótico marca. Y el tiempo se escurre. A menudo oscurece. Brota de él, alterada, una llama...


Los recuerdos se conforman a menudo en juegos de ecos, la confusión de la luz que proporciona el cambio de ángulo, perspectiva, foco, el movimiento, la fugacidad, y lo que uno en realidad no vio nunca: todo cuanto nos lleva a reconocer otro tiempo… Se proyectan también en forma de sueños y, estos, como profecías, a menudo dejan la clave abierta: imágenes impactantes, pero nebulosas…, para que la conciencia complete allí donde al parecer la línea y el espacio han dejado que la noche reine; para que haga el juego suyo, reconozca el propio deseo, o el temor. Y entonces la visión cobra carácter.


La inmediatez del efecto determina mucho, también. Al cabo se trata de un disparo. O una sucesión de ellos. Collage, danza de formas y colores, deformación; a veces, inclusive más frecuentemente que cuanto suele pensarse , depravación. Sí, un disparo, un golpe, y el error, además, lo imponderable, esa falla: el reflejo, refracción…, una vibración, una simple mancha...


¿Y si algo de esto lo aprovechara quien hace la captura?
He ahí, lo de Guy...
Susan Sontag, en Sobre la fotografía, dejó dicho que “poseer el mundo en forma de imágenes es, precisamente, reexperimentar la irrealidad y la lejanía de lo real”. Juego del tiempo. Para el caso: ver el presente entre los reflejos de un sueño moderno… añejo.


Sí, claro, tiene un estilo propio, le reconoce la mayoría; y no tanto –comentan otros–: su trabajo recuerda mucho a esa onda de los setenta, novelas gráficas de aquellos años, sobretodo fotonovelas, con heroínas de vestidos cortos y piernas larguísimas; historias con muchos desnudos; en todo caso, mujeres contoneándose en clubes, entre los rayos disparados por cañones y bolas de cristal contra un fondo cálido; danza en falda corta, con las extremidades tendidas en juego geométrico, como antenas de insecto: muñecas quebradas, delgadas pantorrillas mate, pies y manos removiendo casi como con fastidio –ojo con las miradas– la sustancia de esas noches, el peligro.


Y nuevamente los reflejos, el foco…, cuerpos recortados por el encuadre… Reglas rotas…
De pronto, a aquel sello de lo antiguo, la pequeña falla, aderezo de la circunstancia que remarca la época, el mismo que utiliza Aroch en una reinterpretación del uso de la luz, los reflejos y la refracción: ecos de imágenes, mil veces, con delicadeza –acaso el momento se desvanezca y perdamos la imagen –, gana en la producción una nueva marca, otra forma de intervención: el conjunto de señales de una captura rápida y aparentemente impensada: grabación por los ojos que se alzan de su distracción por ventura y consiguen por gracia de la luz, la revelación.


El proceso de edición de las fotografías de Guy reproduce el efecto del propio tiempo en el repaso de las imágenes añoradas, sobre todo de adolescencia deseos : las alteran y hacen menos nítidas, pero las dotan de una resonancia mayor, que se ajusta a distintos momentos de evocación, crecen con uno, inclusive. Digamos: la profecía adopta como tal su forma. Y nos hace un guiño.
Pesa siempre lo erótico.


Por otra parte, conviene resaltar que la imagen es siempre delicada porque surge de la insinuación de la frágil condición de quien la alcanza: un intruso, privilegiado, fugaz, para quien el símbolo, los símbolos, cobran mayor importancia debido, justamente, a la circunstancia que le premia.


¿A quiénes vemos? ¿Se trata de famosas modelos o acaso de encarnaciones más potentes? Cuando la o el modelo deja de ser celebridad por sí mismo, para formar parte de un cuadro de otro tiempo, entonces podemos decir que ha cumplido su auténtico propósito… Servir.


¿Quiénes son? ¿Qué son?
¿Encarnaciones de juegos psicalípticos?
¿Canciones de nostalgia a duermevela?



Una boca apenas, labios… Una silueta, recortes, un adiós… Grandes ciudades, glamour, sí, pero también... En fin, no solo aquello...


¿Por qué, entonces, no decimos algo más de este fotógrafo “de moda”?


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